23.10.13

XXIV. "EL CUERPO DEL CINE. HIPNOSIS, EMOCIONES, ANIMALIDADES", Raymond Bellour, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2013




El Dr. Mabuse, 1ª parte, Fritz Lang, 1921






A través de Mabuse, una línea lleva directamente de la hipnosis al animal. En la Primera parte de Dr. Mabuse, durante la partida de cartas, surge ese plano, después de que el rostro de Mabuse se haya acercado hacia Wenck como una fuerza implacable de luz. Un plano rápido, aberrante, en el límite de la alucinación: solo la parte alta de la cara de Mabuse, con los ojos centelleantes, convertida en algo parecido a una máscara de animal, entre león y perro. De la misma manera, también durante otra partida, la “rusa gorda” que pierde en el juego dice a la Carozza, para explicar su desasosiego: “Me miraba con esos ojos malvados, ¡¡¡como un diablo!!! — Sí… tiene los ojos malvados de un animal feroz…”. En la Segunda Parte, el rótulo que anuncia la Sesión experimental de Sandor Weltmann en la “Gran Sala de la Filarmonía” lleva a cabo esta fusión, añadiendo a los términos que se encadenan, como se ha visto, de la sugestión colectiva a la hipnosis: “el inconsciente de los hombres y de los animales”. La hipnosis establece el vínculo entre ambos. Por eso, demostrando un poder capaz de inducir, a la vista de un público fascinado, imágenes animadas que se imprimen en una pantalla de teatro pero que se convierten en reales hasta el punto de que los cuerpos suscitados superan el límite del escenario y se dirigen hacia los espectadores, Fritz Lang escogió como motivo de esa ilusión una caravana que avanza por el desierto, mezclando hombres y animales. Tres años antes, ya había dado como título a su primer gran serial, Die Spinnen, 1919-1920, el nombre de la sociedad secreta (“Las Arañas”) opuesta al aventurero Kay Hoog en un relato descabellado, uno de cuyos motivos fluctuantes y múltiples será la hipnosis.

Hay dos maneras de expresar este vínculo. La primera, factual, enumerativa, equivale a una colección de signos. En muchas películas, por la situación de hipnosis, se recurre a una insistencia puntual, más o menos enigmática, en la figura animal. Por ejemplo, Sombras termina con la imagen insistente del mostrador de sombras montado sobre un cerdo y desapareciendo del encuadre por el impulso de la carrera que los arrastra. Pero habíamos observado, también, la parte inferior de su traje de mago que, subida, dibuja en su mismo cuerpo burlesco un rabo parecido al del animal que termina montando. O bien, según el mito, el Dracula de Tod Browning, hace surgir, al contrario que el Nosferatu de Murnau, el vuelo inmenso de un murciélago en el marco de la ventana de la habitación en la que duerme Mina, antes de que entre el vampiro como una criatura de ultratumba y atraiga a la joven, sumida en un estado que es una mezcla de sueño e hipnosis (es lo que retomó Herzog en su Nosferatu en 1979). En el mismo Nosferatu, una verdadera cadena animal se encuentra asociada a lo largo de la película a la hipnosis implícita que emana de la figura del vampiro, pensada como tal por el genio de Murnau. O también: durante el sueño-fantasma bailado en El pirata [Vincente Minnelli, 1948], Manuela se encuentra de repente transformada en un conejo cuyas orejas inmensas son (...)


El cuerpo del cine, Raymond Bellour








EL CUERPO DEL CINE
Hipnosis, emociones, animalidades
RAYMOND BELLOUR

Contracampo libros 5
16x23cm. - 644 páginas
ISBN: 978-84-941753-0-5
PVP: 26.00 euros