24.10.13

XXV. "EL CUERPO DEL CINE. HIPNOSIS, EMOCIONES, ANIMALIDADES", Raymond Bellour, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2013




La fiera de mi niña, Howard Hawks, 1938




[La fiera de mi niña] El niño al que aquí se trata de educar [es el sentido del título original: Bringing up baby] resulta ser un leopardo. En esta película, es el tercero que aparece en una sucesión impresionante de animales, solo comparable a las de la película de aventuras exóticas o de caza, como puede verse por ejemplo en ¡Hatari! (H. Hawks, 1962).

El primero de esos animales es un brontosaurio, esqueleto gigante en el que está encaramado el protagonista desde el principio en una sala del Stuyvesant Museum of Natural History. El segundo es una golondrina, patrónimo de su novia. El cuarto y el quinto son dos cisnes y toda una serie de pollos alegremente exterminados por Baby. El sexto es George, el perro de la tía de la heroína. El séptimo es un caballo cuya imagen presenta un traje ecuestre que por un tiempo lleva el protagonista. El octavo es una lechuza, cuyo ulular se parecería al grito del leopardo. El noveno surge de una red de cazar mariposas con la que la protagonista captura al héroe durante una partida de caza. El décimo es un leopardo de verdad, adulto y de circo, pero peligroso, puesto que acaba de escaparse. El décimoprimero y el duodécimo son un lobo y otro cisne, que la heroína utiliza para calificar al protagonista (el segundo calificativo, Don Swann, subra ya también aquello de lo que entonces se convierte en metáfora). Finalmente, el décimotercero es una mariposa idéntica pero distinta: metáfora también, última, con la cual la novia, que vuelve y se eclipsa al momento, califica al héroe, poco antes de que, gracias a la esperada reaparición de la heroína, el brontosaurio en el que se encuentra de nuevo encaramado el héroe se venga abajo, ligando su destino de hombre y de mujer.

Un animal prehistórico gigante, al que solo le falta un huesecillo: ese es el objeto de los desvelos amorosos de David Huxley y Alice Swallow. El esqueleto armoniza con la severidad de esta última, su rigidez, su traje de chaqueta ajustado y sobre todo la austeridad de sus palabras, que congelan hasta los legítimos deseos del mesurado aunque muy distraído profesor. Su boda, prevista para el día siguiente, no ha de ser un obstáculo para los progresos de la ciencia que viene a rematar en ese momento, anunciada por telegrama, la llegada inminente del hueso que faltaba, recién exhumado por unas excavaciones arqueológicas. Según precisa Miss Swallow, esa boda no tiene que implicar ninguna interferencia doméstica: nada de luna de miel, nada de niños, por lo tanto nada de sexo: “Este es nuestro hijo”, proclama señalando al brontosaurio. Así, la película está situada bajo el signo de ese animal gigante y mortífero cuya destrucción habrá de llevar a cabo, al término de un recorrido iniciático, tan calculado como aparentemente caótico, que permitirá a Susan Vance venir a ocupar el lugar perdido por Alice Swallow.

Pero ¿por qué un animal como ese para desempeñar semejante papel? Cabe imaginar que (...)


El cuerpo del cine, Raymond Bellour










EL CUERPO DEL CINE
Hipnosis, emociones, animalidades
RAYMOND BELLOUR

Contracampo libros 5
16x23cm. - 644 páginas
ISBN: 978-84-941753-0-5
PVP: 26.00 euros